miércoles, 30 de diciembre de 2015

03 La Casa Ribedwald



LOS RIBEDWALD


Blasón:

Una ciudadela plateada sobre un fondo azul celeste.

Historia:

Los inicios de la casa Ribedwald se remontan al siglo 24 (alrededor del 2300), de la Segunda Edad, una época marcada por las innumerables guerras entre elfos y humanos. Por aquel entonces los Ribedwald eran una simple casa menor que rendía pleitesía a los Sindar, la casa reinante del Reino de Sindoria. Su hogar era la pequeña ciudad de Tisbury, -situada en el extremo noroeste del reino, cerca del bosque de Fargir-, y cuyo sustento se debía sobre todo a una enorme cantera que surtía al resto del reino con las piedras necesarias para levantar nuevas ciudades y castillos.

Durante casi un siglo, el único deber de los Ribedwald fue el de velar por la seguridad de la cantera y asegurar la extracción de la piedra que los Sindar requerían para erguir sus fortalezas, pero con el paso del tiempo se convirtieron en mucho más. Aprendieron el oficio de la arquitectura y pasaron de extraer la piedra a moldearla y emplearla para levantar edificios. Fue entonces cuando comenzó realmente el ascenso de la casa Ribedwald, con el nacimiento de Declan el Constructor en el año 2423 de la Segunda Edad, famoso por diseñar y erigir algunas de las construcciones más bellas, sólidas e imponentes del Reino de Sindoria.

Entre las más importantes destacan, sin duda, la construcción de la Torre Negra de Ashfort (2447 S.E); la construcción de los puentes de Vado Ashwick (2455 S.E), Vado de Piedra (2456 S.E), Vado de la Bruma (2458) y Vado Carmesí (2459); la reconstrucción del castillo de Sindor (2470 S.E), capital del Reino de Sindoria en aquel entonces; la construcción de la muralla de Tisbury (2476 S.E); y el diseño de la Catedral de Fiorencia (2480). Aunque esta última no logró ver, ya que murió al año de que se iniciara la construcción, su nieto Dorian logró terminarla setenta años más tarde.


La Primera Invasión de los Hildar


Región de Sindoria 2430 S.E


Hacía el año 2430 de la Segunda Edad, el Reino de Sindoria se extendía desde las orillas del río Brazo Sur hasta el desierto de Anun´Parth, y desde el bosque de Elodriel hasta la cuenca del río Dondarrión. La supremacía de los Sindar era por aquel entonces innegable, ya que regían un reino próspero, sólido y extenso, sin embargo, en el este había un reino igual de poderoso e igual de próspero, con grandes planes de conquista: El reino elfo de Hildar.

Durante las décadas anteriores los Hildar y los Sindar se enfrentaron en varias ocasiones, pero nunca fueron más allá de simples refriegas y saqueos a lo largo de la frontera que separaba los dos reinos. No hasta el año 2436 de la Segunda Edad, cuando un ejército de 20.000 elfos liderados por su propio príncipe y heredero al trono, Magwyn Hildar, invadió el Reino de Sindoria y quemó la ciudad de Shirwell. Aquel acontecimiento desencadenó La Primera Invasión de los Hildar, que duraría casi 20 años, y que terminaría tras la batalla de Sindar en el año 2454 de la Segunda Edad.

Aunque lograron vencer a los Hildar, obligando a Magwyn a regresar a la capital del reino, Gromhildar, con el rabo entre las piernas, la situación en la que se encontraban los Sindar al cabo de la guerra era una muy desagradable. La guerra había dejado a su paso un gran número de muertos, muchas ciudades quemadas, y la propia capital estaba en ruinas. Las arcas del reino habían quedado vacías y el comercio tardaría mucho tiempo en reanudarse, así que lejos de celebrar el haber expulsado a los invasores, los sindorianos se prepararon para enfrentar una época de escasez y más muerte.

Por muy mal que estuvieran las cosas durante los años siguientes, no todos los sindorianos lamentaron aquella situación, pues resultó ser de lo más fructífera para los Ribedwald. Aunque su feudo era uno humilde -tan sólo habían aportado 100 hombres de armas a la contienda y varios carros de grano-, la fama que había cosechado Declan como constructor al levantar la Torre Negra de Ashfort, llamó la atención del rey Higor Sindar, quien le encargó la reconstrucción del castillo de Sindor. Declan no dejó escapar esta gran oportunidad que se le había presentado, y fue mucho más allá. Convenció al monarca de que la reconstrucción del castillo podía esperar, y que la clave para levantar la economía del país residía en construir carreteras que permitiera a los comerciantes desplazarse más rápido, y vados sobre el río Dondarrión y sus afluentes que permitiera comerciar con los reinos situados al norte y este de Sindoria. A falta de otras ideas mejores por parte de sus consejeros, Higor decidió seguir los consejos de Declan, y en pocos meses empezaron a verse resultados.

Gracias a la construcción de vados y carreteras el comercio volvía a funcionar después de mucho tiempo, llenando las arcas reales y permitiendo así iniciar la reconstrucción del castillo de Sindor. Declan decidió, no solo reconstruirlo tal cual había sido, sino mejorar su diseño y sus defensas de tal modo que, en caso de un segundo asedio, no resultara tan fácil caer en manos enemigas. Aquello aumentó su reputación, que ya había alcanzado cuotas muy elevadas ante los ojos del rey, y fue nombrado Gran Maestre Constructor del reino y Primer Consejero Real. De ese modo los Ribedwald pasaron de ser una pequeña y modesta casa nobiliaria, a ser una de las casas más importantes, ricas e influyentes del reino de Sindoria.

La Segunda Invasión de los Hildar

Derrotado y humillado, Magwyn Hildar regresó ante su padre cabizbajo, desenvainó su espada élfica y se la ofreció al rey junto con su vida. Tal y como dictaba la tradición de los elfos, se merecía morir como castigo por su derrota ante los Idh´Sahar, como llamaban a los humanos en su idioma, pero el rey no estaba dispuesto a asesinar a su único hijo, con su propia espada, así que en vez de decapitarle decidió perdonarle y restituir sus títulos. Aquello enfureció a Magwyn, quien lejos de considerarlo una bondad lo consideró una ofensa, una humillación. Llamó cobarde a su padre, le dijo que era indigno de ser rey, y empleó la misma espada que le había entregado y le había sido devuelta, para matarle. Después ocupó su trono.

Aunque no había nada que Magwyn deseara más que volver a invadir Sindoria y obtener venganza contra los humanos, tras convertirse en rey se vio obligado a enfrentar la cólera de Aldegman, rey de Daelniar y hermano de su difunto padre, quien quería vengar la muerte de su hermano y arrebatarle el trono a Magwyn. Este conflicto tuvo a los elfos de Hildar y Daelniar inmersos en una serie de guerras largas y sangrientas durante varias décadas, tiempo que Sindoria aprovechó para recuperarse del todo, y los Ribedwald para seguir aumentando sus riquezas y su influencia dentro del seno de la corona. Los descendientes de Declan construyeron más vados y castillos, irguieron estatuas, templos y catedrales, y durante casi un siglo y medio Sindoria prosperó. El mal causado por los elfos quedó en el olvido, pues ninguno de los hombres que lo habían sufrido seguía ya con vida.

Hacía el año 2595 de la Segunda Edad, habiendo derrotado y matado a su tío Aldegman, Magwyn al fin podía volver a dirigir su atención hacía el Reino de Sindoria. Esta vez, sin embargo, decidido a esperar y preparar con cuidado la invasión. La edad y la experiencia de las guerras pasadas le habían vuelto mucho más cauto y concienzudo, así que no se puso en marcha hasta asegurarse tener las fuerzas suficientes para derrotar a los sindorianos. Fue en la primavera del 2601 de la Segunda Edad cuando inició su guerra; la definitiva; La Segunda Invasión de los Hildar.

Corría el segundo año de reinado de Ainur Sindar, un rey muy joven y enfermizo, cuando las tropas de Magwyn invadieron Sindoria por el suroeste, donde atacaron y quemaron varias aldeas. El ejército sindoriano acudió de inmediato al encuentro del enemigo, y hacia finales de año los enfrentaron en la batalla campal de Fidrock. Aunque Magwyn tenía menos de la mitad del ejército que tenían los humanos, (cerca de 30.000  soldados), los elfos pelearon como nunca aquel día y vencieron, obligando al rey Ainur dar media vuelta y retirarse a Sindar con los supervivientes.

Aquella victoria tan aplastante le dejaba a Magwyn el camino libre hacía Fiorencia, así que, tras pasar el invierno en Gromhildar, su ejército se plantó ante los muros de la ciudad más grande e importante de Sindoria y la puso bajo asedio. El rey Ainur había aprovechado el invierno para reagruparse y rehacer su ejército, de modo que con la llegada de la primavera estaba preparado para marchar hasta Fiorencia y volver a atacar a Magwyn, como exigían los demás nobles. La importancia de la ciudad dentro de la economía del reino era vital, y no podían permitir que cayera en manos de los invasores, sin embargo, el Primer Consejero del rey, Reimund Ribedwald, el bisnieto de Declan, tenía otros planes. Famoso por su astucia más que por sus conocimientos como constructor, ofreció al rey una alternativa inesperada e intrépida que Ainur no dudó en aceptar, pues al igual que sus antecesores confiaba ciegamente en los Ribedwald y sus consejos. Así pues, muy a pesar de las quejas del resto de nobles, el rey otorgó el mando supremo del ejército a Reimund, quien se lo llevó de inmediato hacía el suroeste; hacía Gromhildar. Su plan era asediar la ciudad y obligar a Magwyn a tomar una decisión. O bien abandonar Fiorencia y regresar a casa para atacarlos, o arriesgarse y seguir donde estaba, en cuyo caso Reimund podría conquistar su capital y asestar un duro golpe a los elfos. Magwyn prefirió no arriesgarse, así que, muy a su pesar, levantó el asedio de Fiorencia e impuso la marcha forzada a sus tropas para regresar a casa.

La Batalla de Gromhildar

Corría el verano del 2602 de la Segunda Edad cuando el ejército de Hildar, dirigido por Magwyn, y el ejército de Sindoria, dirigido por Reimund, se enfrentaron en la batalla de Gromhildar. Esta vez había un mayor equilibrio de tropas que en la batalla de Fidrock. Ambos bandos poseían alrededor de 25.000 guerreros, pero el ingenio y la astucia de Reimund fueron, una vez más, vitales.

Tras permitir a las tropas de Magwyn situarse cerca de la ciudad, algo que había provocado el enfado y las críticas de los demás nobles, ya que de ese modo el rey elfo contaba con el apoyo de los soldados de Gromhildar, a parte de los que llevaba con él, se situó en la orilla norte del río Brazo Sur, justo en una de sus amplias curvaturas. De ese modo exponía sólo la vanguardia y uno de sus flancos al ataque de los elfos, pero en caso de un ataque quedaba atrapado.

Al ver aquello, Magwyn celebró la estupidez de los humanos y ordenó a sus tropas el ataque total. La batalla de Fidrock había enseñado a los elfos que eran superiores en el combate cuerpo a cuerpo, de modo que sólo tenían que atacar de frente al enemigo y masacrarlos hasta el último hombre.

Sin duda alguna el resultado habría sido aquel, si los sindorianos no contaran con la astucia de Reimund. La noche anterior al ataque envió una tropa formada por cuatro mil caballeros a esconderse en el bosque de Elodriel, ordenándoles permanecer allí hasta que comenzase el ataque, y por la mañana envió a sus mejores arqueros, cerca de tres mil hombres, a escalar los muros de la ciudad con cuerdas y tomarla. Como era de esperar, Magwyn se había llevado hasta el último soldado para atacar a los sindorianos, dejando sólo una pequeña guarnición en la ciudad, que los arqueros aniquilaron sin problemas.

Al día siguiente los elfos atacaron de frente y sin contenerse, rompiendo con sus lanzas y espadas las filas del ejército de Sindoria. La victoria parecía asegurada desde antes de que comenzara la batalla, pero los jinetes que había escondido Reimund en el bosque acudieron hacía el mediodía y cargaron contra el flanco izquierdo y la retaguardia de las tropas de Magwyn, causando estragos y sembrando el caos entre sus filas. Furioso por no haber previsto ese movimiento por parte del enemigo, el rey elfo ordenó a sus tropas retirarse hacia la ciudad, para reagruparse, pero cuando llegaron al portón este no se abrió. En cambio, tres millares de flechas llovieron sobre ellos desde las murallas, al mismo tiempo que la infantería de Reimund los acorralaba. Casi 20.000 elfos perecieron aquel día. Magwyn recibió una flecha en el costado, pero logró escapar y huir hacia las montañas de Daelniar junto a poco más de cinco mil de sus soldados.

El Primer rey Ribedwald

Con la conquista de Gromhildar y el rey Magwyn huyendo, La Segunda Invasión de los Hildar había acabado tan sólo un año y medio después de comenzar. Un gran alivio para los sindorianos que conocían su historia y sabían que la primera había sido una contienda de casi veinte años.

Reimund se convirtió tras la batalla, como era de esperar, en Reimund el Astuto, héroe del pueblo sindoriano. Aquello disgustó a algunos nobles e impresionó a muchos otros, al reconocer la gran victoria que había obtenido gracias a su plan. Como recompensa, el rey Magwyn otorgó el feudo de la ciudad de Gromhildar y sus tierras a la casa Ribedwald, cuya pequeña ciudad de Tisbury, a pesar de haber aumentado bastante en los últimos años, se había quedado en un lugar demasiado modesto para ser el hogar de una casa nobiliaria tan importante. Lo que había empezado siendo una simple familia de mineros extractores de piedra, se había convertido trescientos años después en una casa que estaba a la altura de los Sindar en cuanto a poder, fama y riqueza. Aunque aquel no iba a ser el final de su ascenso, pues lo único que competía con la astucia de Reimund, era su ambición, y lo que Reimund deseaba realmente era el trono de Sindoria.

Cinco años después, el estado de salud del rey Ainur seguía siendo precario, y puesto que su esposa no lograba darle hijos, y sus hermanos habían muerto muchos años atrás, Reimund vio la oportunidad perfecta para alcanzar su sueño. Sabía que si el rey moría sin heredero, los nobles más influyentes afilarían sus cuchillos y daría comienzo una guerra civil, así que dedicó todos sus esfuerzos para lograr que el rey le nombrara su sucesor, y para atraer de su parte y ganarse la confianza de aquellos nobles más poderosos que no le odiaban. Todo estaba dispuesto. Tan sólo faltaba que la enfermedad del rey acabara con su vida de una vez por todas, sin embargo, algo inesperado, casi milagroso, sucedió antes de eso, pues la reino Margaery se quedó embarazada y dio a luz un hijo varón, un heredero para el trono de Sindoria.

Ainur logró sobrevivir dos años más antes de sucumbir a la enfermedad que le había asolado toda su vida, y cuando lo hizo, su esposa se convirtió en reina regente hasta que su hijo, al que habían llamado Bradock, alcanzase la edad para poder gobernar. En ese momento Reimund volvió a utilizar su astucia, y con el pretexto de ofrecer consuelo, apoyo y consejo a la reina, se acercó a ella. Durante todo un año estuvo a su lado, aprovechando su juventud y su vulnerabilidad para ganarse su confianza del mismo modo como se había ganado la confianza de Ainur. Delante de otros nobles la aconsejaba en asuntos de estado, pero en la intimidad le hablaba de toda clase de conspiraciones por parte de algunos nobles para asesinar a su hijo y así arrebatarle el trono. El miedo hizo que la reina sucumbiera a sus encantos y a la promesa de protegerla a ella y a su hijo para que pudiera alcanzar la mayoría de edad y ser rey, de modo que aceptó cuando Reimund le propuso matrimonio.

Convertido en regente, Reimund volvía a estar muy cerca de alcanzar su sueño y ser rey. Una vez más se armó de paciencia y esperó. Si Bradock era hijo de Ainur, había una gran posibilidad de haber heredado su enfermedad, y tarde o temprano acabaría sucumbiendo a ella, como había hecho su padre. Por desgracia para él esperó y esperó, y el paso de los años no reveló enfermedad alguna en el cuerpo de Bradock, así que decidió envenenar al pequeño Bradock. Tenía seis años cuando, una mañana, su madre acudió a su lecho para despertarle y lo encontró muerto, con el rostro rígido, pálido y los ojos morados.

Reimund empleó de nuevo su astucia para crear una distracción, e hizo responsable de aquello a un grupo de asesinos enviado por Magwyn, quien llevaba ya años planeado su venganza contra los Sindar. De ese modo mató a dos pájaros de un sólo tiro. Por un lado logró convertirse en el rey de Sindoria, y por el otro, todos los nobles del reino acudieron con sus ejércitos a su llamada para marchar hacia el suroeste y acabar de una vez por todas con los Hildar. Aunque el ejército de Sindoria logró derrotar a los elfos de nuevo y quitarles el castillo de Kale y las tierras situadas al noreste de Daelniar, no lograron asesinar a Magwyn, quien huyó definitivamente a las profundidades del bosque de Elodriel.

La nueva capital y el castillo de Gromhildar

Como primer rey de la dinastía Ribedwald, antes de morir Reimund trasladó la capital del castillo de Sindor a Gromhildar, cambió el blasón de su casa por el de una ciudadela plateada, e inició la construcción del magnífico castillo de Gromhildar. Un castillo que no terminaría de construirse hasta cien años después, durante el reinado de su bisnieto Reimund III.

El Tratado de Lumenor

Aunque las derrotas sufridas por Magwyn habían enseñado a los elfos temer a los humanos, a lo largo de los siglos siguientes hubo una serie de guerras muy largas y sangrientas entre Sindoria y varios reinos elfos de Elodriel. Como la Guerra de los Cedros (2806 S.E), La Guerra del Cenagal (2936 S.E), o las guerras por las minas de Khru (3064 - 3193 S.E). No fue hasta el reinado de Helghen Ribedwald el Pacificador, en el año 3306 de la Segunda Edad, cuando se logró firmar una amnistía duradera, por parte de todas las razas habitantes de Thaldorim (salvo los gigantes y los orcos, quienes aún no habían llegado para establecerse en Khoradmar).

El tratado se firmó en Lumenor, la ciudad de los serafines. Helghen logró que acudieran los reyes de los reinos más importantes de Thaldorim, muchos enfrentados entre sí, otros odiándose debido a largas disputas del pasado. A pesar de ello los convenció con un discurso largo y emotivo de que debían dejar de lado las viejas rencillas y aprender a vivir en paz y armonía. En muchos de los documentos que hablan ese momento, sus autores describen a Helghen como alguien que es capaz de hipnotizar a los demás con simples palabras. Sin duda el rey tuvo que emplear unas palabras especiales para lograr convencer a todos los reyes de firmar una paz mundial.

Para conmemorar su logro, Helghen mandó construir uno de los monumentos más importantes que existen en Gromhildar; La Fuente de la Concordia. Un monumento que situó en la plaza central de la capital de Sindoria, y que consta de una fuente en cuyo interior están las estatuas de dos hombres, una serafín, un elfo y una elfa, y dos enanos.

Aunque el Tratado de Lumenor logró algo que no había existido jamás en la historia de Erodhar, una paz total entre todos los reinos de Thaldorim, al cabo de los años, tras la muerte de Helghen, las viejas rencillas regresaron y el Tratado de Lumenor se acabó por romper.

La Guerra de los Titanes

Cuando estalló la Guerra de los Titanes y se formó la Gran Alianza Nórdica para derrotar a Valanor el Nigromante, en Sindoria reinaba uno de los reyes y héroes más grandes que ha conocido este linaje, desde los tiempos de Declan y Reimund. Ricardo Ribedwald era un hombre cortés, un líder nato, un guerrero diestro y un gran estratega. Su arrojo en la batalla había traído gloria a Sindoria al vencer a un ejército invasor de guerreros Sarr en la batalla de Vado Viejo. Cuando los paladines del Martillo Celeste y Valorian le pidieron que se uniera a la Gran Alianza Nórdica para luchar contra Valanor, no lo dudó ni un instante. Aunque su reino no había sufrido aún la cólera del nigromante, sabía que si no le detenían tarde o temprano Sindoria también acabaría sufriendo el horror del brujo más oscuro de la historia.

El destino quiso que el último rey Ribedwald, al igual que el primero, fuera un hombre cuyo nombre quedaría en las memorias. Tras la muerte de Ricardo en la batalla de Lumenor, y el matrimonio de su hija Arianna con el rey Valorian Nomenglaus, la unión de los reinos de Arnom y Sindoria puso las bases de lo que más tarde se convertiría, en el concilio de Alto Avlen, en El Reino Unido de Aldaeron, poniendo fin a un linaje de reyes que había durado más de dos milenios.



Actualidad:

Familia de LADY AYLEEN I DE RIBEDWALD, señora de la Provincia de Dunhold desde el año 1455 de la Tercera Edad.

Su esposo, [LORD Almerón] de la casa Ribedwald, fallecido a los cuarenta y dos años.

Sus hijos:
JAMES, de quince años, es el heredero de Sindoria. Sirve al príncipe Varian como escudero.
EVA, de catorce años.
SIBILA, de once años.
RENARD, de ocho años.

Hermanos:
[EDMUND], muerto en la batalla de Anghedor, en 1445, a los treinta y un años.
[BRANDON], muerto en la batalla de Anghedor, en 1445, a los veinticinco años.
VARIAN, príncipe heredero al trono de Aldaeron, de veintitrés años.

Árbol Genealógico
(1201 - 1457)
Link: http://sia1.subirimagenes.net/img/2014/07/11/140711024541502627.jpg

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