sábado, 17 de octubre de 2015

Participantes Concurso de Microrrelatos IES Sabinar

1. Arcángel, de Jesús Gómez Fernández, 2º ESO A


 Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo le seguí, dejándome engullir por la oscuridad. Me compró un helado y fuimos al parque.

  —¿Quieres que te enseñe una cosa? —Dijo él.

  —Vale, llévame. —Dije curiosa.

  Me hizo taparme los ojos con un pañuelo y cuando llegamos me dijo:

  —Ya puedes quitártelo.

  Me lo quité y estábamos en un callejón sin salida.

  —Me gusta tu colgante, dámelo. —Dijo él serio.

  Hizo un chasquido con los dedos y vinieron 2 compañeros que no me dejaban escapar de aquél horrible lugar.

  —Si quieres el collar, Cógelo. —Le dije.

  Cuando me quite el collar empecé a ver todo más pequeño, ellos se asustaron. Mi forma de arcángel estaba completa al fin.


2. La Batalla, de Jesús Gómez Fernández, 2º ESO A


  Los batallones de no-muertos avanzaban con rapidez, al encuentro de una tropa a la que superaban en número y en fuerza. Sin embargo, los soldados del otro reino estaban muy asustados y algunos ya daban por perdida la batalla. 
  El capitán, Leus no parecía tan asustado y empezó a decir unas palabras inspirativas: 
  —Puede que seamos menos, puede que no seamos tan fuertes como ellos. Podéis abandonar pero yo jamás lo haré porque tengo honor y no pienso perderlo. 
  Todos los que pensaban rendirse empezaron a luchar. En cambio, Leus empezó a buscar algo por la tierra, después de unos minutos el reino casi había perdido la batalla pero Leus seguía buscando como si no pasara nada. 
  —Lo encontré. —Dijo aliviado. 
  Era un bastón de piedra, parecía mágico. 
  Leus se levantó y puso el bastón frente a la luz del sol, En unos instantes todo el ruido de la batalla había desaparecido y solo se podía oír la suave brisa del viento. Todos se habían vuelto de piedra, Leus no había perdido la batalla, aunque tampoco había ganado.



3. Málbola, de Daniel Checa 2º BACH B

  Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado, todo se quedó en silencio, después de un largo viaje de ciento cuarenta y cuatro años luz por la Galaxia Sabinar, nuestras familias no nos estaban esperando como nosotros pensábamos. Vimos la cabeza clavada en una estaca de una niña y detrás estaban nuestras casas cubiertas de unos hilos viscosos humeantes, todo estaba arrasado y de golpe nos arremetió un ejército de alienígenas que tuvimos que contraatacar, en medio de la batalla nos quedamos sin balas y recurrimos a nuestros machetes, cada vez éramos menos, al matar uno de los bichos me di cuenta que le acababa de rebanar el cuello gelatinoso a uno que tenía un colgante, era de mi madre, lo agarre con fuerza hasta hacerme sangre.
  Los que pudimos nos marcharnos de nuestro planeta para buscar otro, porque no volveríamos nunca más, ya que no eran alienígenas lo que había invadido nuestro planeta, si no un virus espacial llamado Málbola, hacía que las personas se volvieran malvadas y se convirtieran en seres horribles y asesinos, partimos llorando recordando a nuestros seres queridos, lo que nadie sabía es que yo estaba infectado.


4. El taller de la bruja, de Daniel Checa 2º BACH B

  El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado, me cubrieron con una capucha antes de mi ahorcamiento, supliqué que me soltaran a pesar de que el día anterior tuve que reconocer que sí era una bruja, era la única manera de librarme de mi ejecución pero, al confesar que era una bruja tenían que ejecutarme y quemarme, claro que yo no era una bruja como me acusaba la Inquisición, simplemente tenía un taller de plantas medicinales, recogía las planta alrededor de la cueva de Zugarramurdi y todo lo aprendí de mi abuela, la ejecutaron con ochenta y cinco años y en esta época la esperanza de vida era de treinta y cinco años, toda mi familia gozaba de buena salud gracias a nuestros conocimientos sobre las plantas las cuales nos llevarían a la muerte.
  Empecé a escuchar ruidos de disparos y al cabo de unos minutos de incertidumbre un chico me quito la capucha, era un chico al que cure yo misma de morir por una gran infección en una herida, quiso agradecérmelo salvándome la vida con ayuda de campesinos. 
Hoy cumplo ya cuarenta años y tengo tres hijos con el chico que me salvo la vida que es y será el amor de mi vida.


5. Contacto, de Thalia Mª Lopez Sanchez 4º ESO C

  Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado y varios sonidos. No teníamos ni idea de lo que iba a pasar, simplemente, guardábamos silencio. De la compuerta salió un extraño ser y empezó a señalar a algunos de los presentes y acto seguido, mas seres se llevaban a los que habían sido señalados. 
  Así estuvimos durante dos semanas, hasta que solo quedábamos 3 personas en aquella recamara. Uno de los seres vino y se llevó a mis acompañantes dejándome solo. No dejaba de pensar porque yo era el último, aunque pronto tendría la respuesta. Minutos después, uno de ellos me guiaba por los pasillos de la nave asta llegar a una gran sala donde aún se encontraban los cuerpos inmóviles de mis compañeros. Me sentaron en una silla y empezaron a mirarme pero sin llegar a tocarme, acto seguido, uno de ellos se me acerco y levanto un poco de mi camisa asta dejar mi espalda totalmente a la vista. Notaba como me tocaba poco a poco y se paró en seco al llegar al hombro y por primera vez, dijo algo en mi idioma: 
  —Es ella.


6. Venganza, de Thalia Mª Lopez Sanchez 4º ESO C

El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado antes de dejar paso a lo que llegaba con la luna; oscuridad y mal. Los últimos rayos de luz acariciaban las flores, despidiéndose de ellas hasta el día siguiente. A los pocos minutos, el sol se ocultó por las montañas del este y el bosque se inundó por la oscuridad y un silencio que solo se rompía por el ulular de algún búho y por la brisa meciendo las hojas de los árboles. Varias sombras se iban moviendo por el bosque y entre ellas se encontraba ella, aquella elfa de cabellos azules, la que no me dejaba dormir, la que mato a mi familia. Es rápido, demasiado y necesito seguirla, acabar con su vida. Poco después de caer la noche, se encuentra sentada entre mas de los suyos, pero es la que mas destaca por su pálida piel y sus ojos rojos. Parece nerviosa, puede que me haya descubierto, así que decido retroceder un poco. Se calma y me dispongo a coger el arco y colocar una flecha y apuntarle al pecho. Cojo aire, apunto con precisión y mientras vacio mis pulmones la flecha corta el aire de la noche. Pero ella ya no esta, ahora esta a mis espaldas.


7. El ocaso de la humanidad, Robert Bresfelean 4º ESO A


  Los batallones de no-muertos avanzaban con rapidez, al encuentro de una tropa a la que superaban en numero, y en fuerza, aún así los humanos y elfos tienen la esperanza de sobrevivir. 

  La batalla fue dura pero tras dos días y dos noches el ejercito defensor logro reducir considerablemente el numero de enemigos del ejercito no-muerto, aunque ni ellos mismos habían salido ilesos, ahora podían ver un rayo de esperanza que los impulsaba a seguir peleando.
  La batalla decisiva ha comenzado, una batalla entre el bien y el mal que decidirá el destino del mundo.
  El claro ante los ojos de los dos grandes ejércitos esta lleno de cadáveres pero aun así se lanzan a la batalla. Los no-muertos están siendo masacrados por los humanos y los elfos. Pero aun no han dicho su ultima palabra, sacan su arma mas poderosa: un Dragón no-muerto, una bestia ante cuyo poder tiembla la tierra. ¿Podrá el ejercito defensor resistir el embate de esta terrible criatura?


8. Ya no hay esperanza, Jorge Sanchez Escamez 3º ESO C

Los batallones de no-muertos avanzaban con rapidez, al encuentro de una tropa a la que superaban en número y fuerza. Los elfos del capitán Legolas esperaban detrás de las puertas de la fortaleza, miedosos, impacientes...El destino había decidido, aquella era su última batalla. Al fin habían llegado los no-muertos, los golpes en las inmensas puertas se escuchaban por toda la fortaleza. Aquella era la última bastión que se interponía entre la capital y los no-muertos. ¡ZAS! Las puertas cayeron y en cuestión de segundos los no-muertos habían invadido la plazoleta de la fortaleza pero allí no había nadie…-¡Fuego!-Grito Legolas, y cientos de arqueros salieron de las murallas y empezaron a tirar salvas de flechas contra los no-muertos, los restantes salieron de sus escondrijos y empezaron a pelear. Durante horas estuvieron luchando, por un momento parecía haber una esperanza para los guerreros elfos, ¡si¡ la victoria era posible. Y al fin la incesante batalla había acabado, pero el resultado no era el esperado todos los elfos habían caído y ahora los no-muertos tenían vía libre para conquistar la capital…


9. El Amuleto Mágico, Andrea Enrique Pérez 3º ESO A

El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado mientras que yo corría lo más rápido que mis piernas me permitían.
Se me estaban acabando el tiempo y las fuerzas.
En un intento de esquivar algo que andaba por el suelo, me resbalé y caí, provocándole un fuerte golpe a mi rodilla izquierda. 
Me levanté rápidamente y sin saber si estaba herida o no, seguí corriendo hasta llegar al puente donde se hallaba el portal que ese mismo amanecer había cruzado. 
Ahogué en un grito de frustración cuando vi que estaba a punto de cerrarse. 
Hice un último esfuerzo y salté dentro. 
Tras un breve trayecto y varios segundos después, seguía en el suelo respirando agitadamente pero orgullosa de mí misma. 
Había conseguido sobrevivir un día en el mundo humano. Pero lo más importante era que por fin, aquel apreciado amuleto mágico que pertenecía a mí madre estaba conmigo.


10. No hay vuelta atrás, Andrea Enrique Pérez 3º ESO A

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad... 
Tal vez fue lo peor que pude haber hecho. 
O tal vez no. 
Nunca lo sabré. 
Si no lo hubiera seguido, no estaría donde estoy ahora, de lo cual, me alegraría...Pero seguiría siendo la misma cobarde que era. 
Hoy día, soy alguien valiente y que no depende de nadie. Demasiado independiente. 
Estar aquí me ha hecho sentir y descubrir una fuerza interior que antes no sabía que poseía. Estar en paz conmigo misma. 
Pero es verdad que cada segundo que paso en este infierno oscuro me gustaría volver a aquellos días en los que me ocultaba del sol porque me molestaba, e impedirme a mí misma hacerlo para dejar que sus rayos acariciaran mi piel y sentir su calor. Es mi mayor ilusión, pero claro, le hice caso a él y ya no hay vuelta atrás. Lo hecho, hecho está.


11. Demasiado Ballentine´s para un rey, Julia Baeza Benjumea 2º ESO A

El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado, cuando unos enrojecidos ojos plateados se esforzaban en abrirse, si no hubieran estado cubiertos de sangre seca, quizás aquello no tendría que haber sido un milagro y no lo fue, pero lo pareció. La gran parte de aquella sangre era ajena por lo que la joven mucho daño no había sufrido. Ajena al dolor que su cuerpo soportaba, intentó levantarse y al mirar el horizonte se fijó en la masacre resumida en un solo escenario. No había nada de vida pues incluso el sol se marchó para no tener que ver ese desastre. No había ni el rojo sangre que se esperaba, tan solo el marrón que recorría las heridas de los luchadores que habían muerto por sus creencias. Se aterrorizó, ¿si la codicia de un solo hombre podía destruir reinos? ¿Qué pasaría si nadie se quedaba conforme con lo que Dios le había regalado? Su mente se quedó en blanco, ya no podía ni pensar, aquello le hacía alucinar, como si sintiera una respiración en su nuca, ¿o era real?


12. El Apocalipsis, Fernando Baeza Benjumea 3º ESO A


 El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado, todo el ejército se disponía a entrar en sus naves para dirigirse a Wolfsworf . A la Tierra no le quedaban muchos años de vida mientras que este planeta prácticamente acababa de formarse. La cumbre mundial organizada por los líderes políticos había dictado el ataque. De pronto, vieron aterrizar una nave , ¿iban a atacarles? 
  Spearow pidió reunirse con la cumbre. Ya que no perdían nada aceptaron la oferta. Todos los terrícolas estaban nerviosos, se esperaba un ataque wolfsworfiano. Por el contrario lo que se acordó fue un intercambio de planetas. Spearow propuso que su pueblo cuidaría y alargaría la vida de la Tierra, mientras que los humanos se quedarían con su planeta, siempre que los habitantes de los dos mundos se trasladaran a la vez. 
  Así lo hicieron. 
 Los alienígenas llegaron y firmaron el contrato. Cuando los humanos se marcharon todo el pueblo wolfsworniano celebró la victoria que aún no se había concretado, pero faltaba poco, muy poco. 
 Al llegar, los humanos vieron un ángel que les esperaba (apocalipsis capítulo 10 versículo 1) y una cuenta atrás. 3, 2, 1. 
  Spearow jamás vio un espectáculo de esas dimensiones, esos fuegos que quemaron la vida de una especie.


13. El Génesis, Fernando Baeza Benjumea 3º ESO A

Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado, venían otra vez y ya eran varias. A pesar de la lejanía de su planeta venían muy a menudo con estaciones prolongadas y en principio en son de paz. Parecían amables a primera vista con aquella bandera estrellada atada a su cohete , y con amplias sonrisas iluminando sus rostros. Aunque yo ya les he descubierto, ya sé a qué vienen , no piensan aliarse con nosotros contra mayores amenazas, solo piensan aniquilarnos sin dejar rastro, y solo por no haber cuidado su planeta. Fácil, sencillo, rápido, sin dolor, para ellos. Porque aunque parezcan astutos nosotros lo somos más, pese a tener menor desarrollo técnico y peores armas. No nos daremos por vencidos, esta guerra que se aproxima puede ser ganada y así se lo comenté al general Spearow. Él no me hizo caso en su momento y por poco provoca una destrucción inmediata, los ciudadanos no lo saben pero este planeta, Wolfsworf, está en peligro. Solo nos queda atacar, pero lo haremos en su territorio, esos seres que se hacen llamar humanos no saben la que se les viene encima. Y creedme, es una gorda.


14. Mente y corazón, Lourdes Pérez Medina 2º ESO B

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad… Sé de un lugar, un lugar donde hay mucha agua. Cada día voy allí un rato, un buen rato. Miro mi reflejo en el agua y le doy un toque con suavidad. Veo recuerdos, los recuerdos más bonitos que tuve contigo. Me sumerjo y aguanto la respiración tres minutos. Cuando ya no aguanto más me viene una imagen a la cabeza. Esa imagen es un futuro y nosotros estamos en él, juntos. Cuando esa imagen se va el agua me eleva hasta llegar a la superficie, miro al cielo y a mí alrededor. No era el mismo lugar al que yo había ido. Ahora hay árboles gigantescos con un montón de flores rosas, tulipanes... El agua es cristalina, el cielo está impecable y en ese sitio puedo ver tus pensamientos. Nuestros recuerdos siguen en tu memoria, tu amor hacia mi aún no se ha ido y uno de esos días apareciste tú, me tocaste y, en ese momento, se realizó la imagen que siempre veía contigo; se realizó nuestro futuro juntos.



15. Él, Julia Baeza Benjumea 2º ESO A

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad. Esa cara tan real me hacía sentirme bien, pero a su vez sus negras piedras que por ojos aquel ser poseía me atemorizaban, le quitaban… la humanidad. Era grande y fornido, diseñado para defender y proteger, aunque su trabajo era amenazar, y si no se le hacía caso, no dudaba. Mataba. Yo era a quien debía proteger, así lo hizo durante su media década de vida. Es cierto, me infundía muchísimo respeto, pero era mi único amigo. Al protegerme, realmente lo que hacía era separarme de la sociedad, pero aquel momento, el último momento que pasé con él, en la sombra, mereció la pena. A pesar de no ser más que un intento de crear un ser “humano”, para mí lo era todo. Sus sentimientos podían llegar a ser tan reales como los míos y poco a poco aprendí que incluso más profundos. Se puede decir que mi única vida, la aproveché. Pero lo que nunca sabré es que si él sintió lo mismo, si él la aprovechó, o justo al borde de su muerte se preguntó: ¿Podría haber tenido algo mejor?


16. Mortiforus, Andrés Peña Ros 4º ESO A

Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado y Charlot apareció entre la nube vestida con un espléndido traje blanco largo de volantes. Iba preciosa para la ocasión. Sería la boda perfecta pero pero con la particularidad de que se iba a celebrar en un planeta en guerra por lo cual no descartarían la mala fortuna de un ataque. La ceremonia transcurría según lo planeado hasta que llegó el banquete: Todos bailaban,cantaban y bebían. A la hora de partir la tarta Charlot y Rangun cogieron la espada láser entre sus manos para cortarla y cuando realizaron el primer corte apareció una sustancia verde gaseosa que se expandió por la sala y poco a poco se fue convirtiendo en unos pequeños bichos del reino YoungMos conocidos como los horrendos mortiforus. Su cualidad consistía en matar tocando cualquier parte del cuerpo. Justo cuando se disponían a atacar, sonó un gran estruendo. Todos miraron hacia arriba y vieron lo menos esperado en ese momento que cambiaría sus vidas para siempre.



17. Inférnum, Natalia Juárez Castro 2º ESO B



   Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado. La nube de vapor no nos dejaba ver más allá de una pequeña sombra. Todos estábamos expectantes. Una figura se distinguía con dificultad. Tenía miedo, todos teníamos miedo. En mi corta estancia en este mundo había escuchado rumores, muchos rumores, que nadie querría recordar. Rumores que te desgarran por dentro y te pudren el cerebro con violencia y sangre. Todos gritaron al poder distinguir aquella figura. Yo estaba tan concentrado en mis pensamientos más profundos que no me percaté de que él se acercaba a mi. Sus movimientos eran ágiles y su paso elegante. Sabía quien era, claro que lo sabía. Era imposible confundir a tal hombre. Sus ojos ámbar me miraban expectantes, como un tigre acechando a su presa. Irónico, porque su presa era yo.


18. Écratos, José Daniel Antequera Jiménez 4º ESO A

Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado. Por fin habíamos llegado a nuestro destino, Écratos. Solo nos faltaba hablar con el emperador y firmar el tratado pera asegurar la paz de nuestros mundos, no nos interesaba una guerra con este planeta. 
  Estábamos en la sala de reuniones principal, y en ese momento, llegó el emperador, Banes. No era tan imponente como pensábamos que sería. A Swob le hacía gracia que alguien así pudiese ser el que gobernara en el planeta más poderoso de nuestra galaxia y lo demostró con una carcajada. El emperador se ofendió y mandó a sus guardias acabar con él. Esto era lo que queríamos evitar, pero que al final pasó. Todo dio lugar a una guerra en la que se destruyeron cientos de estrellas y planetas. 
  Al final, Swob pidió perdón y la guerra acabó. 
  -Curiosa lógica la de los ecratones…- pensamos todos. 
  En ese momento, estalló una carcajada del equipo.


19. La silueta, José Daniel Antequera Jiménez 4º ESO A

  El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado… El ocaso estaba cada vez más cerca y hacía frío. El vecino estaba otra vez observándome desde su ventana, pero esta vez actuaba de una forma extraña. 
  Llegó la noche, y con ella, una tormenta. Terminé de ducharme, me vestí y antes de salir me pareció ver una sombra humana que no me pertenecía. Volví a mirar pero esta vez no la pude ver. 
  -Imaginaciones mías- pensé. 
  Fui a mi habitación, pero la luz no se encendía por alguna razón que desconocía. Las ventanas estaban abiertas y entraba una fuerte corriente de aire. Las cerré y me di la vuelta, observando el escritorio, donde encontré una nota. 
  -“Voy a por ti, ya no huirás más”- decía. 
  Un escalofrío recorrió mi cuerpo, estaba asustado. Oí que algo golpeaba ligeramente la ventana. Me giré a toda prisa, era una rama. Me sentí aliviado por un momento, pero algo más grande que yo echaba su aliento sobre mi espalda. Ahí supe que todo había acabado.


20. Amor imposible, TsvetelinaYordanova 4º ESO A

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo le seguí, dejándome engullir por la oscuridad. Me subí en su moto, llevaba esa chaqueta negra de piel y su flequillo hacia arriba. Su colonia podría ser mi oxígeno, era mi tipo de droga.
   -Nunca me he montado en una moto-dije nerviosa.
   -Sólo tienes que abrazarme fuerte y no soltarme-respondió con una voz tranquila e inolvidable.   
Me tapó los ojos y arrancó la moto. Se escuchaba el viento, frío pero cariñoso.
     Media hora después podía oler el mar. Las rocas rompían las olas y les prohibían pasar, sentía miedo, como que algo horrible iba a pasar.
     De repente, la moto paró. Se fue de mis manos. Asustada me quité el pañuelo, sentí un sudor frío por todo mi cuerpo. Me quedé unos segundos con los ojos cerrados. Cuando los abrí ya no había nadie...


21. Su venganza, Elia Martínez López 2º ESO B

      Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado. Escuché pasos y por la ventanilla de la sala de comando lo vi, vi a Stone. No había duda de que era él. Oí como disparaba cruelmente a los demás. Sentí un nudo en el estómago y una horrible sensación de miedo invadió mi cuerpo. Cuando por fin pude reaccionar, él ya estaba dentro de la sala. Seguí sentada con la mirada al frente y sentí una fría y dolorosa punzada en mi nuca. Stone me tiró al suelo violentamente y ocupó mi asiento, no podía moverme y minutos después noté el temblor de la nave en movimiento. La vista se me nubló enseguida y con voz agonizante le supliqué que no me hiciese daño. Dejó los mandos de la nave y se acercó a mi con una sonrisa cínica. Ignoró mis palabras y al oído me susurró: “Cuando despiertes, todo lo que recordabas haber visto quedará destruido. Dulces sueños.”


22. Cuidado con la vida, María Elena Chirila 4º ESO A

El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado para dar comienzo a la estrellada noche gobernada por la brillantez de la luna.Las calles estaban repletas de personas con bolsas llenas de regalos para Navidad.Niños felices correteando de un lado para otro jugando con la nieve o haciendo muñecos con ella.Intentaba hacerme paso con el coche entre el abarrotado tráfico.El gélido tiempo de New York hizo que perdiera la sensibilidad en las manos asi que,encendí la calefacción y puse algo de música. Cuando por fin salí de esa ruidosa “red social”,me acomodé en mi asiento y subí el volumen.Una larga fila de altos árboles cubiertos de nieve decoraban la carretera.Todo estaba tranquilo.De vez en cuando veía alguna que otra casa echando humo por la chimenea por lo que percibía el olor a madera quemada,un olor que me traía muchos recuerdos de mi infancia.De repente,alguien me llamó.Era mi mejor amigo preguntando cuánto iba a tardar en llegar, cuando un coche apareció de la nada a 100km/h zigzagueando hacia mi. Colgué e hice un giro brusco.Lo último que recuerdo es un chico con pelo negro intentando reanimarme con las manos manchadas de sangre.


23. Hermano dónde estás, Victoria Morena Vera 4º ESO A

Los batallones de no-muertos avanzaban con rapidez, al encuentro de una tropa a la que superaban en número y en fuerza. Corrí hacia mi compañero para avisar cuando escuché un grito que provenía de la cárcel. Era mi hermano. Cogí la pistola y corrí hasta quedarme sin aliento. Entré a la cárcel desorientado, a oscuras, sin saber hacia dónde caminar. Escuché otro grito, venía de la primera planta. Me dirigí hacia allí, sin ningún rayo de luz que me guiara por aquellos pasillos oscuros cuando escuché unos pasos, arrastrando los pies, detrás de mí, me di la vuelta y disparé. Los pasos seguían sonando, y ya no tenía más munición. Asustado, corrí hacia las escaleras más cercanas. Tropecé. Alguien cogió mi pie y se disponía a morderlo. Intenté escapar golpeándole con la pierna. Subí las escaleras y abrí la puerta de donde provenían aquellos gritos de desesperación y angustia.



24. El mensaje, Victoria Morena Vera 4º ESO A



Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad de la noche iluminada por las estrellas. Seguimos caminando por aquellas calles oscuras sin ningún rumbo, solo quería estar conmigo. Estaba muy raro ese día, y no sabía por qué. Ya era tarde, pero aún seguíamos caminando, ahora junto la playa, la luna se reflejaba tan hermosa sobre el mar que decidimos sentarnos en la arena a escuchar el sonido del romper de las olas, mientras yo me apoyaba en su cálido pecho, notaba que algo no encajaba. Se hizo más tarde de lo normal, mis padres estarían preocupados por mí, así que decidí volver a mi casa, él me acompañó. En el camino, el silencio se hizo dueño de nuestra conversación, nadie decía nada. Llegué a la puerta de mi casa, cuando él se puso a mi altura, me besó y se fue, sin decir nada más. Dormía profundamente cuando un sonido interrumpió mis sueños… Era un mensaje… De él.


25. Outlander, Nerea Rodríguez Heras 4º ESO B



Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad. Quizá debí quedarme con tía Hellen, preparando galletas y riéndome con Bob, fingiendo que todo iba bien. Quizá ese libro escondido de aquella biblioteca abandonada, lo estaba por alguna razón. Pero ya era tarde. Sería mi destino. 

  Aquel tenebroso hoyo que nos tragó fue disipándose poco a poco, mostrándonos una ciudad llena de vida. Gente paseando, librerías llenas y edificios de una pieza; todo igual a las fotografías de mis padres cuando tenían mi edad... 
  -¿Es real? 
 -Completamente... -contestó Sam. El chico al que conocí esa misma mañana. 
  Con nuestras manos aún cogidas, nos adentramos en las calles, sin evitar fijarme en los locales y carteles que veía. Aquello parecía irreal. Ayer jugándome la vida sorteando escombros al cruzar la calle y hoy paseaba acariciando perros y oliendo a café recién hecho.
  Minutos después estábamos frente a una fábrica. 
  -Bienvenida a 2016 Skyler. 
  Entonces comprendí... Habíamos retrocedido en el tiempo. 
  -Querida -continuó-, debes saber que no has encontrado un libro con un collar bonito dentro, ese collar te ha encontrado a ti. 
  Rocé el colgante con las yemas de mis dedos pensando en todo lo acontecido ese día.
 -Ahora la pregunta, amiga mía, ¿vas a ayudarme a salvar el mundo?


26. El Fab'huritu, Jesús Romera Lahkim 4º ESO B

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad, tras pasar aquel portal, todo era diferente, un mundo completamente distinto, en el que no se veía algo más que oscuridad y penumbra, todo era extraño, y lo increíble fue encontrar ahí una tropa, perfectamente podría superar los cuatro mil soldados, todos bien armados, nosotros eramos sólo cuatro, era increíble, ¿cómo cuatro mortales podrían vencer a discípulos de diversos dioses? Desenvainé mi espada, brillaba con un fulgor y me incitaba a la guerra, típico en los "fab'huritus" (demonios encerrados en armas), sentí como si perdiese todo el control, vi mi cuerpo cambiar de forma, se transformaba en un tono gris verdoso, me crecieron garras y según mis compañeros, los ojos se me pusieron en blanco.. Cuando estabamos dispuestos a luchar...

27. Las gemas elementales, Jesús Romera Lahkim 4º ESO B

El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado… Lo dabamos todo por perdido mientras la nación enemiga llamada "Brakmar" nos invadía, no disponíamos de las tres gemas elementales, habían sido robadas por brakmarianos del pozo místico, tras milenios sosteniendo la armonía del mundo de los mortales, se acercaba el fin, si las gemas caían en malas manos, el que las poseyera conseguía la inmunidad ante los dioses, mejor dicho, la inmortalidad, nuestra reino llegaba a su fin, tras el deseo de los brakmarianos de invadirlo. Nuestro rey, Djaul, se había dejado vender sin luchar a duras penas por su nación, a cambio de un lugar en la clase alta de Brakmar.. Cuando lo vimos todo perdido..

28. Últimos minutos, Carmen Hernández Marín 4º ESO B

  El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado. Se acercaba la hora. Pronto acabaría la tranquilidad en la que vivíamos sumergidos desde hace años, y yo era la única de aquí consciente de ello.
  Me aparté del gran ventanal. No podía entretenerme, pues no disponía de mucho más tiempo para alistarme. Cogí lo necesario y fui hacia la puerta, que había estado crujiendo todo el día debido al fuerte viento.
  Antes de salir, eché un último vistazo, y lo vi. No lo podía olvidar, tenía que llevarlo conmigo colgado al cuello, pues con él nada malo podría ocurrirme.
  Ya estaba lista y se acercaba el momento.
  Salí y observé el cielo, que experimentaba las primeras pinceladas oscuras, y, absorta por su belleza, apenas escuché los pasos acercándose. Aferré el colgante con la mayor fuerza posible en aquel momento y fue cuando vi las tan temidas sombras alargándose.
  Había llegado la hora, y ellos ya estaban aquí.

29. El Ángel, Carmen Hernández Marín 4º ESO B

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad que proporcionaba aquel vendaje que tapaba mis ojos.
  Mi cuerpo se elevó y supe entonces que estábamos volando otra vez, como habíamos hecho estos últimos días.
  No sabía hacia dónde iba en aquel momento, pero la brisa fresca golpeándome el rostro me calmaba. Fue entonces cuando mis extremidades se empezaron a relajar.
  - ¿Falta mucho?- grité con fuerza.
  - Solo confía en mí.- dijo él aún más alto.
  Noté cómo descendíamos para llegar al tan esperado lugar, o eso parecía. 
  Una vez abajo, deslizó sus delicados dedos propios de aquella raza de ángeles por mis mejillas, hasta llegar al pañuelo que me impedía ver. 
  En unos instantes aquella oscuridad fue sustituida por una imagen maravillosa, nunca vista, unos segundos inolvidables de estupefacción por lo que había ante mí.
  Lo había hecho solo para mí, y entonces supe que al que quería era a él, y me había equivocado.
  Iba a decirle todo lo que sentía, pero me di cuenta tarde, pues cuando abrí los ojos todo había desaparecido, y él ya no estaba.

30. Pensaba valiente pero actuaba cobarde, Rocío Fuentes 1º Bach B

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo le seguí, dejándome engullir por la oscuridad de la noche. Esa oscuridad que se convirtió en luz a cada paso que íbamos dando. Creo firmemente que los astros, la Luna, nuestro Dios y la vida misma se alinearon para que aquella noche cumpliésemos nuestros deseos, nuestro sueño de estar juntos.
  Él tenía miedo. Miedo de perderme de nuevo, de que las malas lenguas no entendieran ese amor. Siempre supo que lo quería, que le amaba desde la primera vez que nos vimos.
  Las burlas de su amor crecieron día a día, puesto que de la chica gorda no se podía enamorar, no podía siquiera imaginarlo.
  Su cobardía me mató, pero aquella noche estaba más viva que nunca. Me revivió cada parte de mi piel, cada poro, y en cada beso descubría ese amor tan grande que nos separó, para luego envolvernos en el manto del amor.
  Soñaba valiente, por desgracia, actuaba cobarde.
  A pesar de todo no le guardo rencor porque yo también lo amaba más que a mi propia vida y él supo que su error sólo valió para separarnos.
  El día de mi muerte, llegó abatido. Lloraba desconsolado, pues ahí sabía que un lo siento no podría hacer nada. Yo ya había muerto y él, ese día, murió conmigo.

31. Juega conmigo, Antonio Miguel Giménez Alonso 1º BACH B

         El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado, él estaba mirándome mientras yo buscaba las esposas, era un cuarto amplio lleno de muebles y libros, él no se esperaba que supiese tanto del tema, saqué las esposas y lo tiré en la cama, me miraba con una mirada confusa y muy asustado pero no tenía nada que temer, esa noche lo hice mío, en un principio se negaba a acostarse con un hombre yo pero luego se dejó llevar, la noche era joven y la casa estaba vacía, a mí me gustaba hacerlo de una manera peculiar, cuando amaneció seguía a mi lado esposado, nadie sabrá nunca que pasó en esa habitación exactamente, pero después de años esto se ha repetido al llegar la noche.

32. La persona misteriosa, Antonio Miguel Giménez Alonso 1º BACH B

Me tomó de la mano, infundiéndome valor, y yo lo seguí, dejándome engullir por la oscuridad, tenía escalofríos, pero me sentía bien porque estaba con la única persona que me transmitía confianza, nadie nos miraba, nadie sabía dónde estábamos. Me giré y ya no había nadie, estaba sola en la oscuridad, no sabía dónde ir y no sabía cómo volver sólo podía seguir adelante, mientras caminaba alguien me seguía, pensaba que era él, al girarme me clavaron lentamente un cuchillo mientras me agarraban fuerte de la cintura, no sabía quién era, no sabía cómo reaccionar solo me desmayé. Al despertar estaba en el hospital, estaba sola, ¿Cómo llegué allí?, ¿Quién me llevó allí? Son cosas que nunca sabré.


33. En casa como en ningún sitio, Gema Sánchez Juárez 4º ESO A


Las compuertas de la nave se abrieron con un sonido prolongado y susurrante, expulsando una nube de vapor plateado que inundaron de polvo todo el campo de visión, todos estaban expectantes, otra vez pisaban la tierra, otra vez habían regresado a su hogar desde hacía más de medio milenio en el Exodus. Les avisaron de que tendrían que tener cuidado con la tierra que pisaban ya que seguramente no era como antaño, y no se equivocaban. Pero ellos tan emocionados que estaban de estar en cas de nuevo no se esperaban de que su dulce hogar hubiera sido ocupado tras su marcha, pero no tardarían en saberlo, ya que para los usurpadores que habían ocupado la tierra tiempo atrás, ese ahora era su lugar, y no dejarían que unos extranjeros venidos del cielo les echasen de su hogar. lucharían, pero quien ganaría ¿Los forasteros qué en una vida pasada les había pertenecido este planeta o los usurpadores que llevaban aquí desde hace más de quinientos años?

34. Soldados vacíos, Gema Sánchez Juárez 4º ESO A

El sol disfrutaba de sus últimos instantes de reinado, y cuando este se fuera, las lagrimas y la guerra llegarían. Todo empezó mucho antes de que yo naciera, impidiéndome así tomar voz y voto. Nos quitaron lo mas querido que cualquier humano puede tener: La capacidad de amar y la capacidad de tener miedo, los llamaban Soria. A los 17 años nos la extirpaban, como si de una mala hierba se tratase, algunos como yo decidieron actuar, ya que los otros no querían, porque no podían, no tenían esa capacidad. 
  No les importaba que un ser querido muriese porque no podían amar, ni tampoco el miedo a la muerte porque no la podían temer, eran como unos soldados manejados por hilos que solo podían destruir y masacrar. Ahora se avecina la guerra, en un bando están los que no sienten nada, los que para ellos esta guerra solo significa una victoria o una derrota, y en el otro, los que utilizaremos el amor que tenemos hacia nuestras familias, y nuestras vidas y lo convertiremos en miedo para así tener una razón por luchar, para terminar con La Soria y con ella con La Elite.

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